El Ascenso de los Señores de las Runas

Algo pasa en Puntarena...

Diario de Fenton FuegoOscuro.

Nuestra valerosa actuación con el noble Aldern Foxglove, y el innegable atractivo de Silken, nos granjean una poderosa amistad en la pequeña comunidad de Puntarena. A pesar que este nos invita a una cacería, antes debemos atender a detalles que no cuadran en el ataque de los goblins: ¿de donde salen tantos goblins y tan bien coordinados? ¿quién es el “patas largas”? ¿que hay detrás del ataque?

Inquietos, nos dividimos por la convulsa comunidad en busca de respuestas, que agradecida y conocedora de nuestras hazañas nos lanza continuos piropos y miradas aprobatorias.

Durante la investigación ocurre un incidente que se convertirá en el segundo suceso del año en Puntarena, tan sólo detrás del ataque en si: mi élfico primo es descubierto disfrutando de las mejores carnes del tendero más conocido del pueblo, Ven Vinder y para mejorar la situación, este honrado pilar de la comunidad queda semi-inconsciente tras una marrullera pelea. Así, las agradecidas miradas de la mañana pasaron a ser reproches por la tarde; no es justo la verdad, ya que todos participamos en la defensa del pueblo, ¡¡pero solo uno de nosotros disfrutó de la moza, la descocada Shayliss Vinder!!

En fin, después de las hazañas de mi valiente primo, descubrimos unas pistas realmente inquietantes:

  1. Los goblins habían saqueado la tumba del anterior párroco, fallecido en el incendio que cinco años atrás destruyó la iglesia durante los sucesos del asesino-carnicero. ¡Lo curioso es que sólo saquearon esta tumba!.
  2. Al día siguiente salimos de cacería, con unas monturas pagadas por nuestro nuevo mecenas, salimos de cacería y logramos abatir un gran jabalí. Durante el trayecto no encontramos rastro de los goblins. Raro, raro…
  3. La tarde-noche de la cacería, investigamos en la muralla cercana a la catedral y encontramos una antiguo pasaje oculto que seguramente permitió entrar a los atacantes en la ciudad. Esto nos indica que el “patas largas” está o ha estado en Puntarena. Es un trabajo interno…

Informamos rápidamente al Sheriff de nuestros inquietantes descubrimientos, pero hasta que no llegue una experta rastreadora conocedora de los alrededores, no podremos seguir la pista a los atacantes. Nos vamos a descansar, aunque esa noche en la posada del dragón oxidado la dueña Ameiko Kaijitsu tiene una fuerte discusión con su padre, el líder de una de las cuatro familias fundadoras de Puntarena (Kaijitsu, Valdemar, Scarnetti y Deverin). Nos inquieta una advertencia del padre: es el momento de salir de Puntarena. Demasiado sospechoso, la verdad. Está claro que Lonjiku Kaijitsu sabe mucho más de lo que parece…

La jornada al día siguiente comienza con el compromiso de disfrutar de un buen jabalí asado a la hora de comer, no sin antes recibir una convocatoria para una reunión con el jefe de la guardia Belor Hemlock, la alcaldesa Kendra Deverin y la veterana rastreadora Shalelu Andosana.
Recibimos una lección magistral de etología Goblín (porque son como animales) sobre las 5 tribus presentes en los alrededores. Además, las evidencias muestran que al menos 3 de estas tribus participaron en el ataque. Esta información es tan alarmante, ya que nunca antes han trabajado unidas, que desde la alcaldía se manda al Jefe de la Guardia a la capital, Magnimar, a por ayuda. Esto nos deja como miembros honoríficos de la milicia y con el encargo de pasear y vigilar la ciudad.

Dicho y hecho, vestidos con la banda de la milicia (yo no, por supuesto, no conjunta con mi túnica) nos dividimos en tres grupos; por un lado me dirijo a ver a un sabio de Puntarena, Brodert Quink, buscando información sobre la antigua civilización que habitó en estas tierras y sobre las que se asienta la ciudad y también uno de los asentamientos Goblíns; por otro lado van mi primo y el sacerdote, para pedir disculpas y arreglar el asunto con el tendero del pueblo; y el resto atiende a una trágica petición de ayuda de una mujer. Llega con el brazo de su hijo envuelto en un trapo de lino. Parece que un Goblín se quedó escondido en una casa y tras aguantar tres días, le cortó un brazo al hijo para comérselo. El padre de la familia persiguió al goblín y se quedó atascado en un armario; el goblín le rebanó el pescuezo. Al menos destrozamos a la maldita bestia.

Nos retiramos con el ánimo muy oscuro y no le dimos importancia al hecho que esa noche no nos atendió la dueña del establecimiento, Ameiko. A la mañana siguiente lamentamos esta decisión, ya que Bethana Corwin, la camarera de la posada llegó angustiada con una nota del hermano de Ameiko, el bastardo repudiado de la familia. La cita a la que aludía la nota era en la fábrica de cristal; nos plantamos allí y al abrir las puertas, vemos a unos ocho goblins desmembrando cadáveres en las mesas de soplado de vidrio así como un cadaver envuelto en cristal y colgado de un gancho. Damos rienda suelta a nuestra furia, que arrasa con las miserables vidas de las criaturas (excepto una dormida, cortesía del poderoso Fenton!!)…

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ignaciocoza

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