El Ascenso de los Señores de las Runas

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La historia hasta ahora:
Tras ganarnos el respeto de nuestros vecinos en Halcón Hueco cuando resolvimos el problema de la plaga, el sacerdote nos encarga transportar una reliquia a Puntarena, donde acaban de restaurar la capilla que ardió poco después de la terrible serie de asesinatos que asoló esta comunidad hace unos años.

Nuestro viaje transcurre sin incidentes por el rio. Poco antes de llegar a la desembocadura dejamos el curso fluvial y realizamos por tierra el último tramo del viaje.
Puntarena es una población recuperada de sus heridas y muy dinámica. Para mejorar aún más nuestra buena impresión, nuestro primo, otro miembro de la extensa familia Darkfire, nos espera en la posada El Dragón Oxidado.

En la taberna, llena hasta arriba de lugareños y viajeros que han venido para los festejos inaugurales de la nueva catedral, realizamos una magnífica interpretación de nuestras aventuras (con un toque de magia) que nos granjean el hospedaje por unos días y reconocimiento entre las gentes de Puntarena.

Al dia siguiente, durante los festejos, ocurre algo completamente inesperado: ¡¡una banda de goblins ha entrado en el pueblo y amenazan con quemar y cortar en pedazos a todo aquel que se cruce en su camino!!
Obviamente, no contaban con nosotros….

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¡¡Goblins en las calles!!

Efectivamente el pueblo estaba siendo atacado por esas pequeñas pestes. Entonando un chirriante canto de guerra los goblins se afanaban en quemar todo lo combustible (incluidas sus ropas) y en matar a cuantos se cruzaban en su camino.
La plaza se convirtió en un auténtico caos, haciendo muy difícil a la guardia detener a los goblins. Así pues nuestros esforzados héroes se pusieron manos a la obra, despachando a un grupo de 4 alimañas en unos minutos. Otro grupo más apareció al poco, liderados por una Cantora de Guerra que fue rápidamente abatida. Cuando la situación parecía estar bajo control un aullido lastimero reclamó la atención del grupo; un goblin a lomos de una extraña criatura, mitad rata mitad perro, acosaba a un esforzado perro que se empeñaba a defender a su amo, un personaje de nobles vestiduras. El jinete goblin y otros dos compañeros suyos fueron despachado sin miramientos, dejando a un noble agradecido. Aprovechando un minuto de respiro el noble se presentó como Aldern Foxglove, un aristócrata de Magnimar que se ofreció a invitar a los aventureros como muestra de agradecimiento cuando todo hubiese pasado. De todos nuestros héroes la joven Silken recibe una especial atención.
De vuelta a la batalla todo parece indicar que la victoria esta cerca. La milicia ha conseguido reaccionar y está expulsando a los goblins, que huyen despavoridos. Nuestros héroes consiguen echar mano a uno de ellos, que al intentar huir resbala al saltar sobre un barril, cayendo con tan mala fortuna que se rompe el cuello. En los pocos segundos que le quedan con vida, realiza una sorprendente revelación, el ataque había sido orquestado y dirigido por un “patas largas” nombre despectivo que los goblins utilizan para referirse a los humanoides. Una cosa está clara, el ataque no ha sido algo fortuito.

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